
La escultura conocida como el «Togado de Periate» fue descubierta de manera fortuita en febrero de 1982 en una finca cerca de Iznalloz, Granada, convirtiéndose en una pieza arqueológica destacada en la región. Fundida en bronce mediante la técnica de hueco, la figura representa a un personaje masculino a tamaño natural, cubierto con una larga toga, y consta de tres piezas: cuerpo, cabeza y mano izquierda, con la pérdida del brazo derecho.
La escultura, que avanza con la pierna izquierda, lleva una toga característica de la época imperial romana, con pliegues expertamente ejecutados. La mano izquierda sostiene algo, posiblemente un rollo o volumen, y está decorada con anillos, indicando el elevado estatus social del retratado. Sin embargo, la obra presenta características peculiares que han llevado a diversas hipótesis. La cabeza, de calidad inferior al cuerpo, y la ausencia del brazo derecho sugieren una posible intervención posterior.
Se ha sugerido que la escultura podría representar al emperador Claudio II el Gótico, datando del siglo III d.C., basándose en similitudes estilísticas con retratos de Brescia, Italia. El hallazgo del «Togado de Periate» generó interés inmediato y desencadenó discusiones sobre su restauración y su importancia histórica. Se plantearon cuestionamientos sobre la identidad del personaje retratado, sugiriendo incluso la posibilidad de ser el emperador Decio.
La relación con la inscripción honoraria de Lucius Aemilius Propinquus y la ubicación del hallazgo cerca de un antiguo poblado fortificado también han alimentado debates sobre el contexto y el propósito original de la escultura. A pesar de las incertidumbres, el «Togado de Periate» representa un valioso tesoro arqueológico que arroja luz sobre la presencia romana en la región y sus complejidades históricas. Su singularidad, tanto en términos de material como de representación, continúa siendo objeto de estudio y debate en el ámbito de la arqueología romana en la Península Ibérica
